¿Alguna vez has sentido que el suelo se mueve bajo tus pies? En momentos de crisis, todos buscamos algo de lo cual aferrarnos. La Biblia, en el libro de Hebreos 6:18, nos revela que existen dos garantías legales y espirituales que hacen que nuestra esperanza sea indestructible.

¿Qué dice exactamente Hebreos 6:18?

El versículo declara: «…para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo…» (RVR1960).

Pero, ¿cuáles son esas dos cosas que Dios no puede cambiar?

1. La Promesa de Dios: Su Palabra Empeñada

La primera cosa inmutable es la Palabra de Dios. En el contexto de este capítulo, se refiere a la promesa hecha a Abraham. Cuando Dios habla, Su palabra no es solo una intención, es un hecho futuro. A diferencia del hombre, Dios no cambia de opinión ni se ve limitado por las circunstancias.

2. El Juramento de Dios: Su Firma Legal

La segunda cosa inmutable es el Juramento. El autor de Hebreos explica que, como no había nadie superior por quien jurar, Dios juró por sí mismo. Esto es fascinante: Dios añadió un juramento no porque Su palabra fuera dudosa, sino para darnos a nosotros una seguridad legal y emocional extra.

La Imposibilidad Divina: ¿Por qué Dios no puede mentir?

Decir que «es imposible que Dios mienta» no es una limitación de Su poder, sino una consecuencia de Su carácter.

El Resultado: Un «Fortísimo Consuelo»

Este pasaje no fue escrito para ser teoría teológica, sino para ser un refugio. El texto dice que estas garantías son para que tengamos un consuelo inquebrantable.

Si has puesto tu fe en Dios, no estás confiando en una probabilidad, sino en una certeza matemática y espiritual. Esa esperanza es lo que el siguiente versículo llama «el ancla del alma».

Pregunta para el lector:

¿Cuál es esa promesa de Dios en la que hoy necesitas confiar, sabiendo que es imposible que Él te falle? Te leo en los comentarios.

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